Greenlight Academy Rol
I.
II.
III.
IV.
V.
La academia Greenlight, reside dentro del pueblo de Haus, comprado y fundado por Adelbert Greenlight. En las cercanías de dicho pueblo, podemos encontrarnos con la capital de Australia, Canberra, donde se puede llegar en tren, camión e incluso en bicicleta. Los estudiantes, funcionarios o habitantes pueden llegar a Sydney en cualquiera de los transportes señalados, así como también tomando un avión con ese destino, si se cuenta con el dinero apropiado.
Datos necesarios
Aquí puedes encontrar los expedientes de los personajes que ya han sido creados en el foro o también puedes ver más fácilmente donde ubicar la ficha de tu personaje en creación.
Para elaborar tu ficha
03

Feuerrote

06

Lauftgrau

07

Wasserblau

05

Blattgrün

Jefe FeuerroteV. Greenlight
J. LauftgrauDisponible
J. WasserblauDisponible
J. BlattgrünDisponible
Ella Greenlight

Hija del Director

Vicious Greenlight

Hijo del Director

Adelbert Greenlight

El director

Lorelei Luhrmann

Ex-esposa del Director

EllaGreenlight
ViciousGreenlight
AdelbertGreenlight
LoreleiLuhrmann
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«No pertenezco.» [Priv. Will]

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Mensaje por Nico Di Angelo el Miér Feb 17, 2016 9:37 am
Tan pronto como llego a la academia, se dio cuenta de la forma en la que los otros estudiantes le observaban. Tenían miedo de él, pero tampoco es que fuera muy extraño. Nico Di Angelo se daba cuenta de que su apariencia exterior no era agradable de ver. Su cuerpo estaba sucio, su cabello algo polvoroso y grasiento, tenía unas bolsas negras, GRANDES bolsas negras debajo de los ojos (parecía no haber dormido por meses), se le veía delgado, con los huesos asomándose por su camisa holgada. Sus uñas estaban pintadas de negro y vestía del mismo color. El primer día no fue el mejor, porque como mencione, le veían como si fuera un monstruo, porque se veía como un monstruo.

Tan pronto como llegó a su habitación, cargando sus escasas pertenencias… Tomó un baño, uno largo. El agua sucia comenzó a bajar por su cuerpo y conforme el tiempo pasaba se fue volviendo más clara. Durante ese escaso tiempo, Nico se dio cuenta del mal estado en el que se encontraba su cuerpo, la piel marcando las costillas, el abdomen hueco, las ojeras negras y prominentes. El baño le quito aquel olor a muerto, aquel olor a viejo. Este mismo había sido remplazado por un olor a rosas, proveniente de los jabones y productos de limpieza que había en el baño de su dormitorio, tan pronto como había salido (con la misma ropa que tenía puesta) decidió ir a algún sitio dentro de la ciudad o del pequeño poblado donde se ubicaba la academia. No estaba seguro de a donde e incluso cuando había cruzado los grandes portones de la academia no tenía idea de a donde se dirigía, así que comenzó a caminar.

Caminaba por todas partes, por cualquier zona. Estaba viendo los alrededores, los hermosos paisajes que se podían disfrutar al estar en las cercanías de la academia: los lagos, las montañas, la nieve que cubría finamente algunos paisajes, era simplemente hermoso. Y se habría quedado a ver, si no fuera porque se encontraba atraído por una esencia que había en el ambiente. Algo le estaba llamando a otra parte y por algún motivo sentía la necesidad de ir, algo completamente extraño y fuera de lugar en alguien como Di Angelo. Dejó escapar un suspiro cuando se dio cuenta de a donde le estaban guiando sus sentidos, un lugar donde Di Angelo sabía que no podía ser bien recibido. Una hermosa capilla bien decorada, de colores blancos y cremas. Ingresó en el lugar y se sintió tan incómodo dentro.

«Simplemente, yo no pertenezco.» pensó, sosteniendo su idea sobre que tenía que salir de ahí antes de poder arruinar otra cosa. No merecía nada tan hermoso como eso, solo era un monstruo.

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Mensaje por Will Solace el Mar Mar 15, 2016 10:10 am
¡Al fin estaban a salvo en la academia! Fue duro, lo admite, velar por su niño –a pesar de que ya era “adulto” seguía siendo su niño- en todo el escape hasta la academia y sin poderlo ayudar más allá de calmarlo y darle algunas pistas fue muy estresante para el ángel. ¿Un ángel se puede estresar? Pues al parecer todavía comparte algo de su antigua humanidad y aún puede experimentar varias cosas como alegría, tristeza, nostalgia, estrés y dolor; porque ha visto a muchos otros ángeles que son como una estatua, sin expresión ni emoción alguna.

Aunque sabe que sus compañeros aman a todas las criaturas porque así fueron creados, Will no teme en demostrar sus emociones y tampoco su amor a todos los habitantes del planeta y de otros lados. Nunca ha visto un demonio pero no cree que sean tan malos.
Como siempre; el rubio se encontraba flotando alrededor del pelinegro mientras se registraba en la escuela y miraba el entorno con atención. Quería familiarizarse con el que sería también su nuevo hogar y asegurarse de que era seguro para Nico. Estaba muy emocionado, principalmente porque ya con su poder mejorado de hacerse tangible ante los ojos humanos, su adorado niño podría verlo por primera vez y podría entablar conversaciones con él. Lo mejor de todo es que se encargó de tener la misma habitación que el menor y eso le alegraba mucho, podría cuidarlo con normalidad y sin saltar sospechas.

Miraba curioso a las demás personas que se le quedaban viendo a Nico. Sabía que era a él porque siempre atrae las miradas y era obvio que al ángel no lo miraban; nadie podía verlo a menos de que tuviera esa habilidad, háblese de otros ángeles, demonios o seres con grandes sensores espirituales. Ignoró las miradas como lo hizo Nico, ya estaban acostumbrados.

Entró a la habitación siendo curioso con todas las cosas. Algunas le despertaban sentimientos que no podía identificar. Como algunos libros que encontró en una pequeña estantería sobre las guerras mundiales; sintió una opresión en el pecho pero su mente estaba en blanco.

Se quedó fuera a esperar que se terminara de bañar. Curioseando algunas cosas sin tocarlas porque podría mover algo de lugar y sería extraño. Sabía que su humano estaba en mal estado, lo sentía como si fuera parte de él debido a su conexión. Y había que cuidarlo el triple; asegurarse que comiera con regularidad era lo más importante, que comiera verduras y proteína y también que durmiera lo suficiente y para eso él se encargaría personalmente.

También tenían que comprarle ropa nueva porque que se pusiera la misma no era algo… ¿higiénico? Era muy obsesivo con esas cosas, quizá por algo de su vida antes de convertirse en un ser divino. También lo relacionaba con sus poderes de curación, quizá antes era un doctor o solamente un estudiante de medicina.

Pensaba que se quedaría a descansar en la habitación, pero como siempre, Nico no va conforme a los pensamientos primerizos de Will. A pesar de que el rubio lo conoce de toda la vida, sus deseos de mantener al menor a salvo, chocan con los deseos de este para no quedarse quieto. Y eso despertaba un nuevo sentimiento en él, ansiedad y preocupación. Le encantaba la cantidad de sensaciones que Nico le provocaba, adoraba a su niño.

Siguió al menor mirando alrededor. Viendo el camino, saludando a veces a algunos animales que por supuesto podían verlo. Sintiendo algunas cosas de las demás personas como angustias, tristezas, engaños, ira, nerviosismo. Todo eso podía sentirlo y cada que pasaba cerca de aquellas personas expedía su aura de tranquilidad para calmarles y sacaba una pequeña risita. Le gustaba mucho el cambio de las expresiones de los humanos en cuanto se tranquilizaban.

Igual que Nico. Miraba los paisajes con asombro; le encantaba ese planeta y le encantaba todas las criaturas en él. Era simplemente la mejor creación de todas. Pero sabía a donde quería dirigirse, lo sentía desde que habían llegado a la academia. Un templo para dios.

Se emocionó muchísimo, adoraba las iglesias porque eran lugares sagrados para ellos, la mejor conexión entre todos los seres divinos y los humanos. Además de que cada que entraba a una iglesia sus fuerzas se restauraban e incluso se hacían más fuertes.

Sin saberlo ya estaba atrayendo a Nico hacia ese lugar. Flotaba con sus alas llenas de luz un poco delante de su niño. -¡Vamos Nico! Te gustará el lugar.- si el azabache sentía inseguridades, estaba muy seguro de que en una iglesia se irían todas. Claro que era un pensamiento muy inocente porque dentro de él sabía que Nico no creía en esas cosas, era como si no creyera en él y eso le dolía pero no se dejaba caer, aún así lo amaba.

Llegaron a la iglesia y se quedó admirando la fachada un buen rato. Podía ver a todos los arcángeles en ésta y a otros ángeles de menor rango. Ingresó a la capilla sumamente alegre, como si todo el mal del mundo se fuera solamente con entrar a ese lugar. Y más sin embargo sabía que Nico no se sentía de esa manera. Podía notarlo, se sentía rechazado en ese tipo de lugares y el ángel nunca supo por qué.

Se quedó en el pasillo de la edificación mirando todas las representaciones de los dioses y ángeles que había en ese lugar. Se preguntaba si podría estar en alguna iglesia pintado o esculpido pero sabía que era imposible. Ese deseo solo se le cumplían a los señores arcángeles; sus superiores, y algunos dioses menores además de querubines.

Estaba tan ensimismado en el lugar que el pensamiento de Nico le cayó en alto volumen en su mente y se volteó mirando a su protegido que estaba a punto de tirarlo todo. No podía, simplemente no podía. Volver con su padre no era opción, era un suicidio; y primero moría él antes que Nico.  Además de que sabía, sentía que el menor pertenecía ahí; que se diera cuenta de que ese era su lugar.

Tenía planeado presentarse a su compañero hasta después, pero realmente tampoco se contenía las ganas de hablar con él.

Se concentró lo suficiente haciendo su figura visible para las demás personas. Apareciendo como un humano. Y apareciendo también con ropas sencillas; una camisa naranja y unos pantalones cortos ya que realmente no tenía ropas más que su toga de color blanco y sus sandalias que usaba con esta. –Espero no lo hayas dicho en serio, o dios estará muy triste.- y recordó que lo que había pensado Nico no lo había dicho en voz alta e inmediatamente se golpeó de manera mental. Excelente Will, ya lo arruinaste. Incluso olvidó quitar por completo sus alas, afortunadamente solo se notó como si entrara mucha luz desde la puerta de la capilla.

-¡Hola!- bien, mala manera para empezar pero lo podía arreglar. Caminó hasta que estuvo a unos pasos de él. -¿Qué te trae tan temprano a la iglesia?- no, demasiado tiempo sin hablar con alguien te hace mal Will, deja de abrir la boca, solo lo arruinas. –Uhm. Lo siento, hablo mucho.- le sonrió ampliamente, esperaba que no hiciera mucho caso a lo que dijo en un principio. –Soy Will Solace ¿Cómo te llamas?- aunque era obvio que conocía su nombre.

Definitivamente había arruinado la primera impresión.

Eres un tonto William.

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Mensaje por Nico Di Angelo el Lun Abr 04, 2016 8:16 pm
«Monstruo.» Era lo único que podía pensar en ese momento, veía las cosas blancas, la capilla, las cruces, la pureza del lugar, y solamente llegaba a la misma conclusión. Era estúpido e inútil, lo mejor era no pensarlo, no podía ser tan malo ni patético como él creía, pero la idea ya estaba completamente plantada en su cerebro y lo único que podía pensar era en lo inútil que era para su padre y lo decepcionante que era tenerle como hijo, estaba seguro de que no era tan malo como su padre decía, pero la verdad es que era su único punto de referencia, nadie más le conocía ni nada por el estilo, pero como sea, la opinión de su padre siempre había influido más en su vida que la de cualquier otra persona… Y con todo lo que había pasado en su vida, desde que su madre murió y su medio hermano, la verdad es que Nico estaba muy seguro de que todo era debido a él. Todo era su culpa.

Simplemente no permanecía a ese lugar. Aquel lugar era demasiado santo, demasiado puro y diferente a como él era. Nico era un demonio, era un hijo de la muerte y todo lo que tocaba estaba destinado al desastre. No quería que el dios que habitaba en aquella iglesia tuviera problemas por su presencia, no quería que nadie tuviera pasar por malos ratos por su culpa y la verdad es que él si estaba bastante mal. Dejó escapar un suspiro debido a eso, no podía creer que tuviera tan mala suerte, aunque al menos ahora sería diferente, solo tendría que mantenerse alejado de tanto escándalo y de cosas que podrían romperse si se acercaba demasiado.

No sabía ni porque había terminado en ese lugar. No quería entrar ahí, detestaba las iglesias y estaba casi seguro de que podría salir en llamas. Porque él era un demonio, un monstruo que no pertenecía a un lugar tan puro y santificado como ese. Pero… El problema era que había algo que le estaba diciendo, una especie de presentimiento que le había guiado a ese lugar, como si hubiera una poderosa fuera que le estuviera gritando que pertenecía a ese sitio y que mientras estuviera ahí podía sentirse seguro. Que nada le sucedería si permanecía ahí. Pero es que los pensamientos de Nico eran más fuertes, el saber que no pertenecía, que era un monstruo, sabía exactamente lo que su padre le diría si lo veía entrar en aquel lugar y no quería, no quería volver a obedecer esa voz. «¿Qué significa este sentimiento?» pensó para si mismo, sin entender porque sentía esa pulsación en el pecho o porque sentía que debía quedarse en ese sitio, quizás encontraría una respuesta a sus problemas bajo el cuidado de “Dios”. Emitió una sonora risa, y luego guardo silencio. Se dio cuenta de que estaba siendo grosero con quien sea que creyera en esas cosas.

Escuchó una voz y se giró sorprendido. Era un joven más o menos de su edad, atractivo, muy atractivo. Tenía un bronceado impresionante y el cabello más dorado que pudo imaginar y unos ojos azules como el cielo. Y Nico podría jugar que escuchó un verso de una de sus canciones favoritas “Here comes the sun” by The Beatles… Pero, quizás estaba alucinando. Incluso pudo ver una luz iluminarle y unos ventiladores que movían su cabello como si fuera un anuncio de shampoo.

« Little darlin' I feel the ice is slowly meltin'
Little darlin' it seems like years since it's been clear.»

Eh, si, mi nombre es Nico.— Aunque era un chico sumamente atractivo, Nico se había dado cuenta de que había sido muy raro por la forma en la que se presentó con él, había sonado extraño y la verdad él prefería no acercarse mucho. Podría ser alguien que iba en nombre de su padre.—Me llamó la atención, nunca había visto una iglesia tan hermosa.— Murmuró en respuesta y se giró, sin mirar mucho al tal Will. Le daba miedo y al mismo tiempo se sentía sumamente nervioso, porque había algo que le hacía sentir que lo conocía desde hace muchísimo, pero al mismo tiempo sabía que no tenía idea de quien era él.

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Mensaje por Will Solace el Dom Mayo 01, 2016 8:37 pm
Caminó tambaleándose un poco ya que aún no estaba acostumbrado a esa forma, era completamente humano y por supuesto no podía volar o levitar y pues no tenía la práctica de caminar; claro que lo hacía en su vida pasada pero no recordaba como. Mantuvo su sonrisa acercándose a la capilla central.

La capilla central era donde estaban todas las figuras religiosas haciendo un altar junto con las plataformas donde se paraban los padres a orar junto con las monjas y más adelante una pequeña baranda de mármol que lo separaba de las bancas del lugar. El rubio caminó para recargarse en la barandilla con sus brazos mientras se le quedaba observando a las diferentes esculturas; de los ángeles, arcángeles, santos y por supuesto la interpretación mortal de dios. La verdad, dios no tenía una forma física, era omnipotente y podía aparecer como él más quisiera o como la gente deseara.

Podía aparecerse como un animal, un humano o solamente luz. Will solamente lo había conocido en ésta última forma, solo como luz y energía así que, las demás personas podían verlo como más quisiesen; por eso lo que no sabían de religiones es que todos los dioses eran el mismo solo con físicos completamente distintos para cada ser humano.

Sintió sus mejillas arder y las tocó para asegurarse que no se estaba quemando o algo parecido mientras ladeaba la cabeza. ¿Era lo que llamaban sonrojarse? Lo había visto escasas veces en Nico, solamente cuando tenía fiebre pero sabía que él tenía la temperatura normal, en lo que cabía de un ángel. Su sangre se acumulaba en sus pómulos, y por lo que sabía, podía ser por diferentes causas, la más acertada en esa situación; vergüenza.

El azabache creía que el ángel era muy atractivo, lo cual lo tomó por sorpresa. Afortunadamente la daba la espalda todavía con los brazos apoyados en la baranda y no le vio enrojecer. Al igual que no le vio fruncir el ceño mientras se ponía nervioso porque había sentido sus pensamientos; le tenía miedo. No lo culpaba, lo conocía lo suficiente como para saber que Nico desconfiaba de todos muy rápidamente e insistía, no lo culpaba; pero debía demostrarle que no era como su padre.

-Lo sé, es hermosa...- suspiró mientras su vista no se quitaba de enfrente, memorizando cada detalle de aquella edificación, era un muy buen altar para los santos y donde se sentía tan lleno de energía que se creía capaz de todo. Se aseguraría de que Nico se sintiera de la mejor forma y debido a eso usó un poco de su poder para quitarle la fatiga que tenía sobre el viaje.

Fue fácil, sabía que su voz tenía ese poder de curación, como si cantara cada una de las palabras y además su presencia que lograba tranquilizar a muchos seres. Con su niño lo hacía todo el tiempo; aún así le costaba un poco hacerlo mientras mantenía esa forma física. Debía primero ganarse la confianza de su pálido muchacho, después de ahí sería más fácil hacerse lo más cercano posible. A pesar de planearlo desde hace tiempo, aún se ponía nervioso; otro vestigio de su humanidad.



–No te preocupes, no muerdo.- soltó una sonrisa melodiosa, como un coro de ángeles riendo, lo cual no estaba muy lejos de la realidad y con la mirada lo invitó para que se acercara hacia él. -¿No te parece impresionante? Todo el empeño que le han puesto a esta iglesia, hasta pareciera que estuviera bañada por la mismísima gracia de Dios.- mencionó tratando de no ser tan obvio en qué tan a gusto se sentía en ese lugar. -¿Alguna vez te has sentido tan a gusto en un lugar?- buscaba con qué hacerle conversación, esperaba no ser imprudente y no asustarlo más.

–Lo siento, soy nuevo aquí y, como puedes ver, no soy muy bueno para hablar.- soltó una risa nerviosa mientras se encogía un poco de hombros.

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Mensaje por Nico Di Angelo el Dom Jun 19, 2016 6:53 pm
La sensación que tuvo en ese momento, la sensación de conocer desde hace demasiado tiempo a una persona que estaba seguro de que nunca en su vida había visto. Se quedó en silencio durante más tiempo del que le hubiera gustado, admirando la silueta de aquel hermoso rubio. Se veía un poco torpe y se preguntó porque, si él parecía ser tan bueno y guapísimo, era como si uno de los modelos que admiraba de las revistas estuviera frente a él después de tanta espera. Dejó escapar un suspiro y luego intentó tranquilizarse, no era bueno admirar tanta belleza para alguien tan malo como Nico. Él siempre atraía la destrucción a todas partes, podría hacerle daño.

No podía decir que se había quedado como idiota mirándolo, pero eso era exactamente lo que había hecho, le estaba observando pendejamente y no podía despegar sus ojos de encima, es que el rubio era tan increíblemente hermoso y no podía imaginar lo que sería despegar sus ojos. El chico podría desaparecer en cualquier momento, dela misma forma en la que apareció en un principio y decir que eso no le causaba miedo al chico, entonces estaría diciendo una mentira. Aunque seguía sospechando acerca de sentirse familiarizado con el chico, como si lo hubiera tratado toda su vida. Nico estaba algo intrigado con lo que estaba pasando en ese momento. Esa canción le gustaba, durante mucho tiempo había sido un tipo de salvación para Nico, pero ahora, ahora que la escuchaba y veía al rubio, sabía de lo que realmente hablaba. De lo que se sentía ver el sol y sentirse iluminado con su esencia. Era hermoso.

« Little darlin' the smiles returning to their faces
Little darlin' it seems like years since it's been here
»

No tanto como tu…— Murmuró y ruborizó tan pronto como se dio cuenta de la barbaridad que había dicho. ¿Aquel chico se molestaría por sus palabras? Dejó escapar un suspiro nervioso. La verdad es que no tenía ni idea de lo que le ocurría, no sabía que era lo que estaba pasando en su cabeza ni como podría tranquilizar su respiración que se estaba volviendo molesta solamente por estar cerca de aquel chico. ¿Quién era? ¿Por qué despertaba en Nico ese sentimiento de pertenencia? ¿Por qué le parecía tan familiar? No entendía, porque estaba seguro de que nunca había visto a nadie que se pareciera en lo absoluto a aquel chico. ¿Quién era?—¿Quién eres tu?— Cuestiona, es un poco grosero, pero es que así es Nico y nadie puede hacer que sea de forma diferente. Siente una extraña sensación y definitivamente no es algo común. Se queda en silencio y luego mira al chico, con curiosidad.

Su risa era increíblemente hermosa, era realmente como escuchar al glorioso miembro de los Beatles cantando aquella canción. De verdad, cada vez que habría los labios, se movía o sonreía podía escuchar el tonito de «Here comes the sun» y era tan hermoso que realmente no quería dejar de escucharlo, no quería detenerse ni por un segundo para pensar en que tan raro era todo aquello, así que solamente escuchó su voz y se dio cuenta de que aunque el chico le dijo que no mordía a él le gustaría sentir sus dientes marcados en su piel, se ruborizó, de nuevo y pensó que no eran temas para pensarse en una iglesia tan hermosa como aquella.

No creo en Dios.— Explica, de pronto, porque lo ve necesario. Aquel chico era sincero y no sentía que estando en una iglesia debería sentirse como parte de ella si ni siquiera creía en el señor al que todos lo que iban rezaban. —Él se llevó a mi madre y a mi hermano.— Su voz suena amarga y su corazón le duele, es estúpido culpar a un ente divino que no existe, especialmente cuando Nico sabe que la única persona que tiene la culpa es él. Fue él quien los mató, eso fue lo que su padre le dijo, lo que significa que es cierto. Él tiene la culpa.—Pero aquí se siente bien, diferente a otros sitios en los que he estado…— Su mirada se vuelve débil, más sin embargo no dice nada más. —Quizás debería retirarme, en realidad no debería estar aquí.— Es ahí cuando los pensamientos oscuros vuelven a la cabeza de Nico, que solamente puede pensar en cómo desaparecer y al mismo tiempo las sombras amenazan con rodear al chico y robarle toda su humanidad. Es un chico débil y vulnerable, fácil de atrapar, quizás lo que no saben es que tiene un poderoso ángel guardián que no permitiría que nadie ni nada le haga daño.

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Mensaje por Will Solace el Mar Jul 05, 2016 2:01 pm
Notó que el menor no le dirigía la palabra, entendía el por qué. Nico era demasiado negativo con él mismo. Al vivir toda su vida bajo la tutela de su padre que le repetía diario su poca valía y que alrededor de él pasaran tantas cosas malas, era natural que sintiera que tenía una mala suerte que se contagiaba. Pero Will sabía que no era así. Todo lo que le había pasado habían sido casos demasiado desafortunados de los cuales él no había tenido control, por eso mismo lo habían mandado a la tierra para cuidarlo. Sin embargo como todos esos sucesos desafortunados se habían atribuido intencionalmente a Nico; él creció creyendo que traía la desgracia y por eso se cerraba en sí mismo.

Le estaba incomodando un poco la mirada tan directa de su niño. A pesar de estar de espaldas, sentía los ojos penetrantes de Nico en ésta, lo sabía porque lo conocía. Notaba la sensación de sus pensamientos. Ya no podía escucharlos claramente debido a que estaba usando demasiadas cosas al mismo tiempo; se estaba concentrado mucho en su forma humana y estaba tranquilizando el ambiente con su aura, así que la capacidad de leer sus pensamientos se había reducido. En ese punto lo más que podía era saber las emociones que pasaban por su cabeza, era algo de ansiedad con miedo pero al mismo tiempo lo sentía embelesado, no sabía realmente si era por él o por algo más.

Es pregunta fue contestada ante el murmuro que por supuesto no pasó desapercibido para el rubio, cosa que de nuevo hizo que le ardieran las mejillas y tuviera una mezcla extraña de emociones en su estómago y en su mente. Solo esperaba no romper su concentración debido a esas nuevas sensaciones. Tenía un vago, un muy lejano recuerdo de haber sentido algo parecido hacía muchísimo tiempo, seguramente cuando era humano pero sentir todo de nuevo de repente le mareaba un poco. Después del murmullo él volteó a mirarle para sonreírle radiantemente, como si quisiera dar a entender que no le molestaba que se expresara. Seguidamente ladeó la cabeza ante su pregunta, como si se tratara de un cachorro confundido.

-¿Quién soy? Soy Will Solace, ya te lo había dicho.- su apellido, ahora que estaba en una forma humana, le sacudía sensaciones dentro de su ser, pero nunca había querido indagar demasiado en su pasado pues le habían explicado que a veces, los ángeles que se aferraban demasiado a su humanidad terminaban algo locos o como ángeles caídos y ninguna de las dos era buena forma de acabar para él. Después de un rato pensó si se refería a en realidad qué era él, pero no le iba a decir de buenas a primeras que se trataba de un ángel guardián, menos que era suyo. En primera porque Nico no creía en esas cosas y si se lo decía, sabía que pensaría que se estaba burlando de él y en segunda, no quería meterse en problemas con dios. –Uhm… vine aquí a estudiar…- se congeló un poco porque no había pensado mucho en eso y dijo lo primero que le llegó a la mente. –Medicina…- se mordió el labio volteando inmediatamente algo aliviado de haberse salvado… o semi salvado. No es que mintiera, no había pensado realmente qué estudiar o si necesitaba hacerlo –que la respuesta más obvia era sí si es que no quería ser echado.- así que ahora tendría que cumplir lo que había dicho y aparte meterse a una clase de canto o música para estar con Nico.

Afortunadamente no notó el pensamiento que tuvo sobre su mordida ya que estaba bastante concentrado en no echar todo a perder, porque si lo hubiera escuchado se hubiera desmayado o hubiera salido corriendo sin saber qué hacer. Will era como un niño pequeño con amnesia, debía aprender de nuevo todo lo que significaba ser un humano.

Mantenía sus antebrazos recargados en la baranda y su mirada azul cielo enfocada en las estatuas delante de él, sin embargo le ponía toda la atención del mundo. Esboza una pequeña sonrisa melancólica cuando le escucha exclamar su falta de creencia. Sabía que era así, pero en el fondo le dolía, porque era como si no creyera en él, claro que Nico no sabía que era un ser divino pero eso no quitaba que a veces le daba punzadas de dolor en su pecho.

Le escuchó con atención, a pesar de que ya sabía lo que diría. –Ah, Nico…- dijo en un suspiro ahora volteándole a ver directamente. Sus ojos cielo posados en los contrarios oscuros. –Hay accidentes que ni siquiera Dios puede evitar, y sufre cuando debe llevarse a alguien por la fuerza.- cierra un momento sus ojos cavilando sus palabras. –Y muchas veces, tiene otros planes para quien se lleva.- convertirlos en ángeles por ejemplo, como había hecho con él. No comentó nada sobre su madre y su hermano, no quería decir el típico “lo siento” o “entiendo lo que se siente” porque realmente sabía que Nico no deseaba lástima, quería entendimiento. Había visto las almas de su madre y su hermano partir, ellas lograron verlo, a Will, cosa que lo había sorprendido mucho y en cuanto le observaron vio la misma cara en paz en ella y en él, porque ahora sabían que alguien cuidaba a Nico y es por eso que el rubio se tomaba tan en serio su trabajo.

Después de eso, Will hizo una pequeña investigación al respecto de esas almas en paz. La madre de Nico estaba en el paraíso y la de su hermano había reencarnado, actualmente tendría unos cinco años en vida mortal. –Está bien si no crees en él.- respondió sonriendo con ternura, no era malo si no creía en su señor, porque de eso se trataba ser humano, creer o no creer, al final todos regresaban a su origen y el padre de todos no se enojaba en absoluto, "Pero cree en mí..." pensó algo melancólico, reflejado en sus ojos, pero reponiéndose al instante.

Asintió dándole la razón a sus primeras palabras, el lugar se sentía muy bien. Pero no sabía si esa iglesia había sido bañada realmente de la gracia de dios o lo que sentía Nico era por influencia de Will. Parpadeó volteándolo a ver y no dudó, se le acercó tomándolo de la muñeca y soltándolo lentamente cuando atrapó su atención. –En cualquier lugar eres bienvenido.- rió risueño y dio algunos pasos hacia adelante. –Este sería mi lugar favorito del mundo, pero.- volteó a verle, ladeando la cabeza. –Me gustaría conocer tus lugares favoritos. Así que, ¿qué tal si me acompañas por la escuela? Necesito conocer esto un poco mejor.-

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Mensaje por Nico Di Angelo el Miér Sep 07, 2016 12:16 pm
No sabía que era lo que estaba sintiendo. Aquel chico despedía un aura un poco extraña, demasiado brillante, como un rayo de sol. Se quedo observándolo un poco más antes de darse cuenta de que seguramente parecía un acosador. Pero, él era en realidad el acosador. Ese chico, aunque era guapo, había salido de la nada como si estuviera siguiéndole. Eso le asustaba un poco, ¿si acaso era alguien que había sido enviado a asesinarle? Pero, no creía, Nico se había vuelto realmente bueno en leer lo que la gente planeaba hacerte, y no sentía nada preocupante en aquel hermoso adonis rubio y bronceado. Se ruborizó de nuevo.

Ese chico despertaba tantas emociones dentro suyo, que la pregunta escapó de sus labios. ¿Quién eres? ¿Por qué me haces sentir así? No entendía y desconocía si aquel sujeto podía responderle sus preguntas. Su nombre era Will Solace. Hubo una risa mental en su cabeza, que nombre tan más irónico. Solace. Solace significaba algo como consuelo, pero en ese momento la simple alución al "sol", porque claro, el chico le recordaba a un rayito de sol. Era simplemente hermoso. Y tan llamativo. Nico sentía que debía desviar el tema a otra cosa en lugar de seguir completamente embobado viendo al chico, que si, era hermoso, pero aquella afición no era sana para nadie.

¿Medicina?— Cuestiona, eso le parece lindo. Él habría querido estudiar medicina y ayudar a preservar las vidas, pero sabía que lo único que podría traer sería la muerte. Prefería no arriesgarse a eliminar a alguien en un intento de salvarlo, jamás podría perdonarse. Ya había causado mucho daño como para intentar arreglarlo y que le saliera el tiro por la culata. —Me habría gustado estudiar eso, pero no soy tan bueno soportando ese ambiente.— Era la primera vez que intentaba seguir una conversación sin ponerse a la defensiva con la persona a la que le hablaba, sentía que estaba dando pasos de bebé a velocidades agigantadas.

No hizo caso al comentario del muchacho sobre Dios. Porque no podía creer en él, podía respetar a los que creyeran, pero Dios era un tirano. ¿Qué era la gran cosa buena que le deparaba el futuro después de que se llevaran a las dos personas que más quería? Aunque a su madre nunca la conoció, eso no significaba que no sintiera como se le iba el mundo por la culpa que su padre y la presión que puso todo ese tiempo sobre él. Sabía que el único culpable de todo había sido él, no por nada era un Dios de la Muerte. No podía culpar a Dios de algo que había hecho él, no podía decir algo que era obvio que había sido si culpa. Pero, aun así, toda la miseria de su vida le decía que aquel ente divino todo poderoso, no existía.

Esta bien, sé que ha sido mi culpa.— Aprieta la mano en un puño, encajándose las uñas en la palma. No le importa nada de lo demás, sabe que es exclusivamente su culpa, todo lo que sucede. No es tan cobarde como para culpar a alguien más. Aunque sabe que no existe, es una situación un poco extraña. No sabe si quiere creer o no, pero lo respeta. —No sé si crea o no. Solo no me ha demostrado que existe. Quizás yo no debería existir.— Murmuró. Un segundo, ¿qué hacía contándole su historia a un desconocido?

Sus mejillas se ruborizaron y decidió que mejor no diría nada que pudiera comprometerlo en una situación incomoda. Se quedó observando al chico mientras un sentimiento cálido subía a su pecho y se quedaba alojado en ese sitio. Estaba algo impactado, pero pronto se dio cuenta de algo extraño en la voz del chico... ¿Acompañarlo a la academia? ¿Llevarlo a sus lugares preferidos en el mundo?

¿Quién te crees para sentirte tan cerca de mi?— Cuestionó, con crueldad en la voz. —Ni siquiera te conozco, ¡no me trates como si me conocieras!— Pero tan pronto como lo dijo, se sintió mal. El chico solamente intentaba ser lindo con él y Nico lo estaba arruinando. —Aunque...— Inició, soltando el puño y jugando con los dedos... Sin mirarle. —En realidad, si voy a la academia. Podrías acompañarme...— No le mira directamente, pero sigue jugando con los dedos. —Me sentiría culpable si llegas a perderte y te secuestran.— Levantó la mirada para ver al chico mientras mordía la piel de sus labios secos, intentando arrancarla. —Solo si prometes no hacer mucho ruido.— Y ahí estaba, un tímido Nico, lanzando la última carta en la mesa.

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