Greenlight Academy Rol
I.
II.
III.
IV.
V.
La academia Greenlight, reside dentro del pueblo de Haus, comprado y fundado por Adelbert Greenlight. En las cercanías de dicho pueblo, podemos encontrarnos con la capital de Australia, Canberra, donde se puede llegar en tren, camión e incluso en bicicleta. Los estudiantes, funcionarios o habitantes pueden llegar a Sydney en cualquiera de los transportes señalados, así como también tomando un avión con ese destino, si se cuenta con el dinero apropiado.
Datos necesarios
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Para elaborar tu ficha
03

Feuerrote

06

Lauftgrau

07

Wasserblau

05

Blattgrün

Jefe FeuerroteV. Greenlight
J. LauftgrauDisponible
J. WasserblauDisponible
J. BlattgrünDisponible
Ella Greenlight

Hija del Director

Vicious Greenlight

Hijo del Director

Adelbert Greenlight

El director

Lorelei Luhrmann

Ex-esposa del Director

EllaGreenlight
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AdelbertGreenlight
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Mensaje por Suiren el Vie Ene 15, 2016 3:30 pm
A estas alturas, Suiren podía comprobar perfectamente que la Academia era como una ciudad en sí; tenía tantas instalaciones diferentes, pero no solo edificios, patios y lugares abiertos se podían poner fácilmente a la misma altura que todo lo anterior. Para el ángel, que siempre había sido una persona que amaba pasar tiempo al aire libre, los espacios verdes de la Academia eran casi como un regalo. El aire fresco, en el cual se podía percibir los diferentes aromas de las flores, era del tipo de cosas que le sacaban una amplia sonrisa a la chica.

Se había acercado a las plantas, para poder verlas detalladamente. Reconocía a algunas, aunque no era su hobby ni nada por el estilo, pero los colores de todas seguramente quedarían en su memoria. Eran tan pequeñas comparadas con Suiren, pero eso no hacía que la pelirrosa las ignorara ni mucho menos despreciara, si no lo contrario. Le llamaba la atención que algo tan pequeño pudiera mostrarle combinaciones de colores tan en… ¿Armonía? Porque si, ningún color aplacaba a otro, era como si estuvieran en equilibrio, por más fantástico y si vamos al caso, idiota fuera el pensamiento, ella seguía creyendo que era así.

Se sentó a un lado, teniendo cuidado de no aplastar a ninguna, mientras podía ver perfectamente el edificio principal desde donde estaba. No pasaban demasiadas personas, y si lo hacían, no es como si le prestaran atención a ella. Seguramente tenían cosas mejores que hacer que ver unas simples flores, en su opinión. A Suiren nada de eso le importaba, si sentía lástima que muchos pasaron por alto pequeños detalles como esos, pero entendía que a veces no podía hacerlos cambiar de opinión. De todas formas, eso no la hacía menos feliz de lo que estaba ahora. Con la brisa fresca relajando sus músculos, fue tentada a cerrar sus ojos, agregándole el dulce aroma que invadía el aire.
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Mensaje por Desirée Bonheur el Sáb Ene 16, 2016 6:54 pm
Salí de clases con una expresión que dejaba ver a claras que aquel no había sido mi mejor día. Pero la pregunta primordial era, ¿cuándo sí? Suspiré, agobiada. Estaba segura de que el examen de ciencias lo había reprobado, por más que me había quedado hasta muy tarde despierta mientras estudiaba y repasaba una y otra vez las fórmulas. Y, cuando había llegado el momento y la hoja con las preguntas se colocó en mi pupitre, al leerlas sencillamente no entendí nada. Mi mente en blanco, nada. Y así era como adquiría una hermosa nota roja que sumar a las del montón, y una rotunda negatividad por parte de mis otros compañeros de casa. Era demasiada presión, por más que trataba de estar a la altura de las calificaciones de los demás, era imposible para mí. ¿Qué me iban a decir ahora? No deseaba que llegara ese momento en el que los demás reprobaran mi falta de nivel académico.
Traspasé el umbral de aquel imponente edificio y permití que la fresca brisa acariciara mi pálido rostro y jugara con mis rizados mechones rubios. Alcé la mirada magenta hacia lo alto, a donde brillaba un cálido sol en medio de aquel infinito azul, y tuve que entrecerrar ligeramente los ojos para evitar hacerme daño. Aquel era un bello día, no podía rendirme ante la mala suerte que siempre solía rodearme. Con este pensamiento rondando volví a retomar mi andar hacia algún lugar cómodo donde pudiera leer con comodidad aquel libro que tenía fuertemente sujeto contra mi pecho, como si tuviera el miedo de que este fuera a escapar de mis manos. Probablemente regresaría a la residencia, o tal vez fuera a la biblioteca... aún tenía tiempo para ello.
En eso estaba cuando, en uno de los senderos que atravesaban el jardín por el cual transitaba, con mi vista periférica capté la presencia de un rosal. Me detuve y giré parcialmente mi cuerpo hacia este, iluminando de inmediato mis facciones con una sonrisa. Eran rosas rojas, mis favoritas. Aprovechando que nadie más caminaba por los alrededor, me acerqué a este y me puse de cuclillas para estar más próxima hacia la planta, colocando con cuidado el libro sobre mi regazo al hacerlo. Primero aspiré el delicioso aroma que de ellas emanaba, y en un espontáneo deseo extendí mi mano hacia una de ellas, la más cercana.

¡Ay! —musité quedamente por lo bajo, regresando hacia mí una vez más la mano y bajando la mirada para contemplar la yema de mi dedo índice, en el cual una gota de roja sangre brotaba y se deslizaba con parsimonio de una herida que me había provocado con una de sus espinas. Y eso que había tenido cuidado de no hacerme daño, pues ya sabía de antemano que algo así podría pasar al no ser la primera vez, y seguramente tampoco la última—. No importa... aunque me lastimes, aún me seguirás gustando —me dirigí hacia la flor, como si esta tuviera la facultad de entenderme. Alcé un poco más mi mirada y esta se cruzó con los ojos azules de otra persona. Mi corazón se detuvo por un momento y fui incapaz de respirar por segundos, antes de que mi cuerpo reaccionara torpemente— lo siento, no sabía que alguien más estaba aquí... M-me marcharé —traté de incorporarme velozmente, pero por las prisas el libro que tenía sobre mí terminó estrepitosamente en el suelo; eso sólo consiguió que me pusiera aún más nerviosa. Sólo era una torpe más.

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Mensaje por Suiren el Lun Ene 18, 2016 2:58 pm
La joven pelirrosa estaba casi sumida en un sueño. Sus ojos cerrados, su cuerpo contra un árbol, la brisa que gentilmente parecía acunarla; todo parecía listo para que Suiren descansara un buen rato. Pero, sin previo aviso, abrió rápidamente sus ojos, debido a que escucho a alguien cercano quejarse. Alzo su mirada, chocando con unos ojos de un extraño color rosa, ¿O seria fucsia? Fuesen como fuesen, no cambiaba el hecho de que eran peculiares. El ángel estaba algo desorientada, casi se dormía, así que parpadeo un par de veces con la esperanza de poder comprender que estaba sucediendo.  La muchacha enfrente parecía haberse cortado un poco su dedo, y aquella vista la despertó completamente.– ¡H-Hey! ¿Estás bien? Eso está sangrando. –Se paró para acercarse a la muchacha, que por extraño que pareciera, lucia asustada y nerviosa. Prueba de ello, es que intentando irse del lugar, sus libros cayeron al suelo, estrellándose contra el césped.  Suiren los miro, para segundos después agacharse e intentar juntarlos a todos.– No te preocupes, no te preocupes ~ –Dijo alegremente.– No me molesta para nada si quieres quedarte aquí, después de todo, las flores son preciosas ¿No?. –Esbozo una sonrisa hacia la muchacha.

Al pararse, para ofrecerle los libros, tuvo oportunidad de verla mejor. Sus ojos no eran lo único que llamaba la atención; poseía una cabellera rubia y lacia que caía un poco más debajo de sus hombros, o casi en ellos. Llevaba también unas trabas  con formas de flores atadas a un mechón. Y esto último le ilumino los  ojos a Suiren.– ¡Que bonitas! Parecen de verdad. –Se acerco un poco más a la rubia, ignorando que quizás invadir su espacio personal no era la mejor opción. Pero ella tendía a tener esa mala costumbre, primero actuar y después pensar, al menos en momentos como este donde se dejaba llevar demasiado por el entusiasmo.– ¿Dónde las conseguiste? Son de verdad preciosas. –Volvió a repetir.– Ah, por cierto, mi nombre es Suiren. Puedes llamarme como gustes. –Fue su pequeña presentación. Sin muchos rodeos, y tan solo brindándole un nombre.
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Mensaje por Desirée Bonheur el Sáb Ene 23, 2016 3:31 pm
N-no es nada... —musité casi inaudible, con voz ligeramente temblorosa por los nervios. Me cubrí con fuerza el dedo lastimado con mi mano, para que la chica de larga cabellera rosada fuera incapaz de ver la herida. Fueron muchas cosas a la vez, me debatía entre una encarnizada lucha de si recoger mis libros o salir directamente huyendo... y precisamente por eso, no hice ninguna de ambas.

La miré con asombro cuando se acercó y fue ella quien hizo la buena acción de inclinarse y poner en orden aquello que había tirado accidentalmente. Parpadeé un par de veces, incrédula y confundida, a la vez que temerosa. Rehuía de cualquier contacto ajeno por miedo a las burlas, ya acostumbradas de escuchar en aquel lugar. Además, por más que deseara hacer a un lado, los nervios siempre hacían mella en mí y mis acciones, y si se necesitaba una prueba de ellos no hacía falta otra cosa que ver el caos que había creado en tan sólo unos segundos. Era torpe e inútil, y eso era algo que los demás siempre aprovechaban para buscar formas varias de molestarme. ¿Realmente era así? ¿Mi miedo había nacido a raíz de las burlas ajenas? No, ya sabía que no, mis ataques de pánico se debían a un suceso acontecido mucho tiempo atrás, cuando sólo era una niña, pero... no, no lograba recordar qué era aquello; sólo que a partir de ese instante comencé a temerle a la gente que me rodeaba.
No pude reaccionar a tiempo, como siempre, y sólo contemplé como espectadora más de la escena cómo la ajena se ponía en pie y me tendía aquello que yo misma debí haber hecho. Estuve a punto de musitar un titubeante gracias, cuando de un momento a otro la desconocida chica se acercó tanto a mí, que invadió mi espacio personal. No huí ni retrocedí, aunque sí hubo un involuntario movimiento de echar mi espalda hacia atrás para evitar el contacto, al tiempo que era evidente que mi cuerpo comenzaba a temblar. Hablaba ahora de... ¿mi adorno en el cabello? Le vi sin comprender antes de desviar mi mirada hacia los libros que ahora sujetaba fuertemente contra mi pecho.

Fue un obsequio de mis padres... —respondí con voz débil. Todo lo que usaba, se me había sido entregado por mano de mis progenitores. Traté de mantener la calma y ocultar mi evidente nerviosismo. Aquella chica que se acababa de presentar como Suiren no parecía mala persona, no era una más de las que buscaban molestarme, ¿o sí? No, parecía que... realmente estaba interesada en entablar un diálogo amistoso—. M-mi nombre es... Desirée, un gusto —me presenté a su voz, correspondiendo a su cortesía. Me animé a alzar la mirada y así contemplarla, pero no por ello mi agarre a los libros se suavizó. Le dediqué una tímida noticia—. Las rosas rojas... son mis favoritas —expliqué, retomando su diálogo inicial y tratando de darle a entender que pensaba que las flores eran hermosas, al igual que lo hacía ella— no sé porqué... sé que tienen espinas y trato de ser cuidadosa, pero... —erguí mi dedo índice, allí donde era notoria una pequeña herida rojiza, aunque ya no brotaba sangre de la misma— ... siempre termino hiriéndome. Aún así, me gustan... y mucho.

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Mensaje por Suiren el Jue Ene 28, 2016 12:56 pm
La rubia negaba estar herida. En realidad, parecía un corte sumamente pequeño, curaría en un par de días y no dejaría ninguna marca, pero eso no evitaba que Suiren se preocupara por ella.

El ángel había sido asi desde siempre. O mejor dicho, desde antes de pertenecer a una raza celestial, en aquellos tiempos donde había sido una simple humana. Era la segunda de 5 hermanos, y aunque también era energética y cometía uno que otro tropiezo casual, había aprendido a curar las pequeñas heridas y moretones que los menores hacían. A pesar de haber renacido y no tener demasiadas memorias encima, aquellas enseñanzas permanecían en su interior. Pero ahora no estaba frente a un niño de 8 años, con tan solo echarle un vistazo fugaz a la muchacha frente a ella se podía dar cuenta de que seguramente, rondaban por la misma edad, y no podía hablarle como a un niño, ni menos tratarle de la misma forma. Parecía nervosa y un tanto incomoda por la proximidad de la pelirrosa, pero esta tardaría un buen rato en darse cuenta de aquello.

Ohh, ya veo. –Le respondió, dando un paso atrás para poder ver en general los detalles del adorno. Ahora, la muchacha era quien se presentaba. Tenía un bonito nombre, y no era todo, su apariencia también ayudaba a pensar que era una niña de la alta sociedad. ¿Pertenecería a la casa de los Rojos? Aunque no parecía tener esa aura de orgullo ni de vanidad que otros desprendía, y tampoco la había visto por su dormitorio.– Es un nombre muy bonito, parece el de una princesa, Desirée. –Le dijo un tanto ruborizada. Quizás la contraria pensaría que era algo tonto para decir, pero Suiren no vacilo ni un segundo en hacerlo. Era parte de ella el decir lo que pensaba, aun si le parecia ridículo.

Por fin, una suave sonrisa se dibujó en el rostro de la rubia, poco a poco, parecía acostumbrarse al ambiente en general. Hablar de las rosas, sus favoritas, quizás era lo que causaba que la curva de la sonrisa se asomara, afirmaba que le gustaban, a pesar de que con sus espinas le hacían daño. Mostro su dedo índice, donde ya no quedaba casi rastro de la herida y aquello hizo que Suiren se sintiera un poco más aliviada, se había preocupado por nada.– Eso se oye doloroso. –Le comento, y aunque sentía un poco de pena, no podía evitar sentirse identificada de alguna forma.– Pero, creo que puedo decir que lo entiendo. –Desvió su mirada hacia un costado, enfocándose de nuevo en las flores. Claro que no se refería a una espina ni mucho menos a una planta, aunque si le habían tocado ser herida por estas varias veces. A su mente vino una persona, un muchacho, a quien ella había amado hace mucho tiempo ya, pero que lo que sentía seguía casi intacto. Era él la razón por la que Suiren estaba ahora en este lugar, por lo que ella era lo que era, un ángel. Y a pesar de eso no sentía ningún odio ni rencor, continuaba amándolo.– Aunque te lastime profundamente, y todos te digan que es un error el seguir  queriéndolo... –Giro su cabeza para ver directamente a Desirée.– ... Dejar de hacerlo es casi imposible, sin importar cuanto tiempo pase o cuanto te lastime. –Sonrió. Algunos dirían que era trágico, otros que simplemente era idiota pensar de esa manera. Pero Suiren no cambiaría de opinión, no tan fácilmente al menos.
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Mensaje por Desirée Bonheur el Lun Jul 11, 2016 3:31 pm
Sentí mi cuerpo más ligero y que mis pulmones recuperaban de nuevo la facultad de extraer el oxígeno con normalidad cuando la chica de cabellera rosa se apartó un poco de mí y volvió a dejar mi espacio vital intacto. No estaba acostumbrada a que se acercaran tanto a mí, ni siquiera que vinieran a mí buscando entablar conversación. Al menos que se tratara de burlas y recalcarme lo inútil que era, a eso sí que estaba más que acostumbrada.
Le miré con la duda asomando a mis ojos cuando la pelirrosada lanzó aquel halago con respecto a mi nombre. ¿En verdad... creía que era lindo? No pude evitar ruborizarme por ello, desviando la mirada hacia la punta de mis pies mientras mi interlocutora seguía hablando. ¿Qué se suponía que debía decir bajo aquella situación? ¿Disculparme y alejarme antes de que otra torpeza mía hiciera de las suyas y terminara por alejarla? Sería lindo que Suiren, como así había dicho que se llamaba, no fuera una más de aquella mayoría que conformaba esa institución. Sería lindo que en verdad... la joven no se alejara.
Pero en algún punto del monólogo ajeno algo cambió, un matiz que provocó que alzara mi mirada y la contemplara aún con desconcierto. Su voz se había vuelto más profunda y cierta melancolía se pudo apreciar a través de esta. ¿Seguía aún hablando de las flores? Parecía como si... como si estuviera hablando de otra situación totalmente diferente al tema inicial.
Parpadeé un par de veces y me mantuve callada, mientras la otra se expresaba de tal manera que parecía que no lo decía hacia mí, sino que sólo decía en voz alta aquello que le rondaba por la mente. Me aferré más a los libros que tenía en mis brazos, apretándolos contra mi pecho a modo de barrera. Por alguna extraña razón, yo también podía comprenderla...

Suiren, yo... —no aparté mi vista de su perfil, y retuve el aliento por un momento—, ya no hablas de las flores, ¿verdad...? A-alguien... ¿Alguien te lastimó? —en cuanto pronuncié aquello en voz alta supe que había sido un error. Abrí los ojos de manera desmesurada y respiré de golpe, sintiendo mi cuerpo tensarse. No tenía derecho a preguntar algo personal, no debí hacerlo. Negué con desesperación al tanto que mi agarre a los libros era tan evidente que mis nudillos se tornaron blancos—. ¡L-lo lamento! Y-yo... yo no tenía porqué... preguntar eso. ¿P-podrías olvidar lo que dije?

Mi expresión era de súplica absoluta. En verdad había albergado la esperanza de mantener una conversación amistosa con alguien por primera vez desde que había llegado a aquella academia, pero como siempre... no supe hacer otra cosa que no fuera la de cometer error tras error. No estaba hecha para sociabilizar, y aquella era una realidad que podía comprobarse en ese momento... No tenía el tacto para mantenerme a raya de las situaciones ajenas que no me incumbían.
No había podido evitarlo; en lo que me había estado diciendo, aun si sólo estábamos refiriéndonos a las flores, me transmitió que algo más profundo había detrás de todo aquello. Y la entendí, pude entenderla...


Off: ¡Lamento muchísimo los años de tardanza! Entenderé muy bien si ya no tienes interés en responder al tema C: En verdad lo siento muchísimo... T----T

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