Greenlight Academy Rol
I.
II.
III.
IV.
V.
La academia Greenlight, reside dentro del pueblo de Haus, comprado y fundado por Adelbert Greenlight. En las cercanías de dicho pueblo, podemos encontrarnos con la capital de Australia, Canberra, donde se puede llegar en tren, camión e incluso en bicicleta. Los estudiantes, funcionarios o habitantes pueden llegar a Sydney en cualquiera de los transportes señalados, así como también tomando un avión con ese destino, si se cuenta con el dinero apropiado.
Datos necesarios
Aquí puedes encontrar los expedientes de los personajes que ya han sido creados en el foro o también puedes ver más fácilmente donde ubicar la ficha de tu personaje en creación.
Para elaborar tu ficha
03

Feuerrote

06

Lauftgrau

07

Wasserblau

05

Blattgrün

Jefe FeuerroteV. Greenlight
J. LauftgrauDisponible
J. WasserblauDisponible
J. BlattgrünDisponible
Ella Greenlight

Hija del Director

Vicious Greenlight

Hijo del Director

Adelbert Greenlight

El director

Lorelei Luhrmann

Ex-esposa del Director

EllaGreenlight
ViciousGreenlight
AdelbertGreenlight
LoreleiLuhrmann
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Mensaje por Keip Every el Lun Mayo 30, 2016 3:01 pm
En la sociedad existe una orden básica que desde tiempos inmemorables se ha seguido, un estilo de vida que pese a los cambios sociales sigue prevaleciendo. No importa el cambio de perspectiva que se desee, las personas afortunadas y las menos privilegiadas siempre han estado presentes. Un patrón que seguimos y que pese a todas las oportunidades, nunca nos damos la posibilidad de una auténtica transformación, ¿crees que esto conviene a los ricos? Para que haya ricos, tienen que haber pobres, y es que podrán existir aquellos que puedan escalar de entre su miseria, personas con capacidades que buscan forjar sus habilidades para salir de esa proclamada clase social; luego tenemos a los condenados absolutos, gente obligada a vivir en su ignorancia, sin el tiempo de los ilustrados para pensar; forzada a nadar entre sus sueños y aferrarse a los mismos con fervientes deseos e ilusiones de que alguna vez los alcanzaran, con esfuerzo y dedicación, la misma charlatanería que siglos tras siglos se ha estad repitiendo, pasando de las bocas de generaciones, dando falsas esperanzas para que gasten sus nulas fuerzas en ser los mejores, un hecho que, para desgracia de éstos soñadores, nunca trasciende a más que simples pensamientos. Los ricos y los pobres. Gente que nada en dinero y gente que  se ahoga en las nulas oportunidades que la vida les otorga. Marcados estatus que dicen mucho de uno mismo, muchos los llaman estereotipos, mientras que otros solo lo tachan como la cruda realidad. Las cosas son lo que son. Hay hechos de los que, por más que intentes, no puedes escapar. Perseguido por la reprensión, Keip Every estaba en la deshonrosa situación a la que había sido condenado.

Literalmente, nadaba entre la miseria, o cuando menos chapoteaba en la misma que hasta nadar es mucho decir. Ubicado en un prostíbulo barato de la zona, el pobre tritón estaba siendo escondido como alguien que pertenecía a un negocio clandestino, cuando la verdad iba muy lejos de la idea que en la mente de muchos se puede desarrollar. Una deuda colosal que abarcaba más de lo que podía pagar lo llevó a estar en esa piscina de críos en su forma natural, sufriendo de constante deshidratación, aguardando al momento del inminente colapso. Una deuda que en gran parte ni siquiera le correspondía, “Every”, llevar el apellido de su padre era el único pecado por el que estaba pagando. Un pirata que le debía cantidades titánicas al hombre que lo tenía cautivo en ese lugar. A duras penas había procesado la información de todo ese lío familiar, que el apellido, que su padre había peleado contra un miembro de su familia que era más viejo que el propio vino, que debía proteger su honor y que esto y que lo otro… ¡Ni sabía con exactitud porqué estaba ahí! ¡En ese jodido recipiente que apenas y cubría una tercera parte de su cuerpo! Necesitaba más agua y ventilación. Comida y compañía. Sobrevivir en condiciones óptimas ¿era mucho pedir?

Y a todo esto ¿Quién era Keip? Un pobre tritón que se veía presa de líos políticos o familiares o de honor, la misma mierda pero revolcada, de los que ni siquiera se enteraba. Su padre lo había abandonado hace años, un hombre que seguramente ya estaba muerto, haciéndose uno con la materia para renacer en otro ser ¿Por qué esos temas le tendrían que competer? El pecho del mítico ser subía y bajaba a toda hora del día, denotando una clara falta de todo; sus labios, antes llenos de color, ahora se mostraban pálidos y secos ante la ausencia del elemento que tanto necesitaba, agua. Obligado a permanecer en la forma de tritón, necesitaba cuando menos sumergir todo su cuerpo en líquido, pero ni siquiera eso obtenía. Llevaba tres días en esa forma, moviendo su preciosa cola en ese nefasto estanque, como si eso lo ayudara a obtener algo de confort. No era una zona fresca, ni siquiera ventilada. Escondido en lo más recóndito de aquel local de la lujuria, solo podía esperar; con las fuerzas desvanecidas, sentía que en cualquier momento se podía desmayar ¡Un pobre tritón que no merecía ese trato! Lo mínimo que podían hacer era satisfacer sus necesidades básicas como la raza a la que pertenecía, pero ni a su belleza le podían hacer justicia. Rodeado de jadeos y gemidos que ni siquiera procedían de conocidos, tenía una expresión aterrada. Las orbes azules que en sus días de alegría derrochaban euforia, ahora eran unos desdichados ojos apagados. Bolsas oscuras debajo de la mirada que una vez fue resplandeciente, párpados caídos en los que su cansancio se veía denotado y unos tonos cálidos que eran el producto de las desmedidas drogas que le habían inyectado. Mover la boca era una tortura, pocos segundos transcurrían para que sus delgados labios se viesen presa de la delicadeza y abandonaran la poca fortaleza que aun portaban, el más mínimo movimiento provocaba que se partieran. La sangre brotaba. —A…agua… —el hombre incompetente que lo tenía acorralado en ese lugar lo visitaba una vez al día, una sola vez para asegurarse de que su integridad prosiguiera intacta. Los belfos del chico se notaban rotos, demacrados y magullados, pero no tanto como ese precioso rostro…—, por… favor… —los mechones de tonalidades marinas resbalaban y se humedecían por la longitud, estando en esa forma el largo de su cabello se extendía como solo sucede en películas animadas; las onduladas puntas se mojaban; parte de las hebras su rostro tapaba—, a…agua… —la cola sobresalía de entre ese depósito de agua, las aletas se veían y destacaban al entrar en la habitación. Desprendían un brillo único pese a la carencia de iluminación—, solo… —matices verdes y azules de los mismos arrecifes. Sus escamas se veían gloriosas en cada momento, brillando por la particularidad de su raza y destacando ante el ligero apoyo de la humedad que la ocasión le podía otorgar. Un varón joven y de belleza singular; como humanoide se le podía notar como un claro perteneciente a la servidumbre; hacía justicia a la clase social a la que pertenecía, un hombre que no destaca ni por la tonalidad de su cabello, trabajando como un insignificante conserje, Keip era… Nada, así había sido siempre, lo único a lo que se podía aferrar era esa forma, porque así, él era un ser distinto. Majestuoso aun estando demacrado, imponente aun cuando carece de presencia, entre razas y realidades llega a haber grandes trechos, pero con Keip… con este joven las cosas son… Únicas, siempre… Y a su peculiar manera.

Los ojos poco a poco se iban cerrando por culpa de la falta de fuerzas. La pesadilla de esos últimos días, no poder luchar contra su creciente debilidad, comenzaba a hacerse realidad. Quería ver el amanecer una vez más, nadar entre peces y perderse en el mar para nunca regresar. Sonido de gaviotas, el suave cantar de las olas y la esencia salina de su salvaje naturaleza. Un sueño más que involucraba su último deseo, ¿el adiós de esa vida o el inicio de una nueva? Las pestañas inferiores se juntaron con las superiores. La espalda se deslizó por el plástico relleno de aire, haciendo el característico sonido de fricción. No buscó detenerlo; la cola fue sobresaliendo, llevando a cabo ligeros movimientos, declarando que en ese cuerpo que parecía inerte permanecía la lucha con la vida.

La única puerta de la habitación se abrió; con los ojos cerrados apretó los mismos, moviendo su rostro por inercia ante la intensa luz que le atacaba de lleno. Abandonado en un oscuro cuarto, se ensimismó en su propio lugar, buscando huir del atacante. La puerta azotó y la luz se desvaneció. Un ligero hedor tabaco inundó sus sentidos y lo hizo mover su nariz, una vez seguida de otra. No le agradaba ese aroma, mucho menos el siguiente que llegó a sus fosas nasales, una esencia dulce, persistente, con un toque de madera que poco a poco se iba fusionando con los químicos del cigarro, jodida nicotina. Sintió el aroma del alcohol. Quería alejarse, ya, de ese lugar; con pulmones débiles, ese ambiente era lo último en lo que deseaba convivir. —Sirenito, sirenito, sirenito… —la voz del hombre era fuerte. Estaba drogado. Arrastraba las palabras y en ocasiones reía, dejándose llevar por el éxtasis del momento. Keip nunca había visto su rostro, la oscuridad no se lo permitía, y tampoco tenía interés en conocer al hombre que lo mantenía preso en ese insulto de estanque—, a ver… sonríe para la cámara —apenas separó un poco sus ojos, viendo borroso hasta que la imagen de la silueta se aclaró. Facciones toscas, pero no por eso menos atractivas. A simple vista, notaba un deje de belleza que al instante se desvanecía con todos los otros gestos que por lógica recibía. Escuchó un “clic” y con esto llegó otra intensa luz que lo hizo cerrar los ojos fuertemente ¿Para qué le tomaba fotos? El tritón llevó el antebrazo a su mirada, buscando cubrirse no de los retratos, sino de la luz. Era insoportable. El dolor de cabeza que tenía solo iba en aumento—, no te cubras… Tsk —después de escuchar ese chasquido de lengua, le retiraron el brazo de su rostro sin delicadeza alguna. De la misma forma sujetaron su mentón. El olor a drogas se sentía más fuerte—, no vayas a cerrar los ojos… —con las orbes enrojecidas, se esforzó en mantenerlos abiertos a la hora de recibir un tercer flash. Una pequeña risita. El tritón le permitió a su cuerpo deslizarse y buscó el acurrucarse en su propio lugar. Terminó en posición fetal, cubriendo el rostro que se intuía estaba colmado de lágrimas. Otro flash—, tu cola se luce en ésta foto… —le repudiaba escuchar cómo arrastraba las palabras, y aun así, se negaba a que sus labios pronunciaran frase alguna. Respiró profundo, controlando el llanto que quería soltar. Nada de eso era justo ¡No tenían porqué tratarlo como un vil objeto! Tenía sentimientos, ¿por qué los ignoraban?... —. Enviaré esto a clientes potenciales, tal vez terminas en buenas manos… O tal vez no… Saldrás caro, y esa deuda no se pagará sola, más te vale dar buenas mamadas que para eso te usarán, a menos que tengas suerte y termines como mascota consentida —sintió la diestra del chico deslizarse por sus hebras, haciéndolo estremecer en el proceso. Le aterraba. Una risotada y una acallada despedida. La puerta se abrió una vez más, el joven salió y Keip se quedó, escuchando cómo ponían incontables seguros a la puerta, cómo el acero se deslizaba y cómo su vida, con esto, cambiaba. El sollozo que llevaba tanto tiempo aguardando, se escuchó, lentamente fue aumentando de nivel hasta que, después de varios minutos, ese inaudible llanto cesó. El lenguaje puro de su pena, una vez más, fue acallado. Nadie lo escucharía, solo quedarían los estragos que esperaba, en algún momento a sus hijos contar. Un soñador y un vencedor, así es como el ingenuo chico se veía…

¿Sabes? El dolor te hace sentir vivo, Keip no se había sentido tan vivo en toda su vida.

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