Greenlight Academy Rol
I.
II.
III.
IV.
V.
La academia Greenlight, reside dentro del pueblo de Haus, comprado y fundado por Adelbert Greenlight. En las cercanías de dicho pueblo, podemos encontrarnos con la capital de Australia, Canberra, donde se puede llegar en tren, camión e incluso en bicicleta. Los estudiantes, funcionarios o habitantes pueden llegar a Sydney en cualquiera de los transportes señalados, así como también tomando un avión con ese destino, si se cuenta con el dinero apropiado.
Datos necesarios
Aquí puedes encontrar los expedientes de los personajes que ya han sido creados en el foro o también puedes ver más fácilmente donde ubicar la ficha de tu personaje en creación.
Para elaborar tu ficha
03

Feuerrote

06

Lauftgrau

07

Wasserblau

05

Blattgrün

Jefe FeuerroteV. Greenlight
J. LauftgrauDisponible
J. WasserblauDisponible
J. BlattgrünDisponible
Ella Greenlight

Hija del Director

Vicious Greenlight

Hijo del Director

Adelbert Greenlight

El director

Lorelei Luhrmann

Ex-esposa del Director

EllaGreenlight
ViciousGreenlight
AdelbertGreenlight
LoreleiLuhrmann
Mejor AAAApellido
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Cenicienta, Cenicienta [Priv. Ella Greenlight]

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Mensaje por Will A. Nioniel el Jue Mayo 19, 2016 11:16 am
Nueva ciudad.
Nueva vida.

Había pasado relativamente poco tiempo desde que Will llegó a Australia con sus padres adoptivos, los cuales lo inscribieron en la academia Greenlight para continuar con sus estudios. La institución no le disgustó a decir verdad, pensaba que por poseer aquella fama sería un lugar en el que únicamente albergaban lo que comúnmente se denominan hijos de papá y mamá, sin embargo le sorprendió sobremanera que aquello no era así. En la institución se hallaban personas de toda índole y condición. Alumnos de familia humilde, ricachones que no podían faltar, por supuesto. La heterogeneidad abundaba en el ambiente, como le gustaba a él. Lo único que no terminaba de encajar era la formación de grupos internos en los pasillos. Como los ricachones se juntaban con los ricachones y los de familia humilde, con los de su misma clase. Era triste en cierto modo, pero pudo divisar como un grupo heterogéneo caminaba por los pasillos, quiera que no le dio un pequeño rayo de esperanza.

En fin, aquello carecía de importancia en ese momento. Aquella jornada Will necesitaba despejar la mente, lo necesitaba como el comer. Su mente se hallaba completamente saturada de diversos pensamientos negativos, mas no lo demostraba exteriormente, siempre iba con una sonrisa en su rostro. Siempre enérgico, como si le sonriera la vida, mas no era así.

Para relajar su mente, decidió ir a visitar uno de los lugares que él consideraba de los más relajantes: el acuario marino. Consideraba el movimiento de los peces al nadar como algo tranquilo y sosegado. Se podía pasar todo el día allí, observando el parsimonioso nadar de los peces.

Sin vacilar ni un momento, abandonó la institución nada más finalizar las clases y se encaminó hacia su destino. Hacia el idílico ambiente que se había imaginado en su cabeza. Quizá todo cambiase en cuanto llegase al lugar en cuestión. Se paró a pensar siquiera en que podía haber molestos niños corriendo y gritando por los pasillos, rompiendo por completo el tranquilo ambiente, y no solo corriendo y gritando, sino también dando golpes en los cristales, molestando a los peces que nadaban con parsimonia.

En cuestión de un par de horas llegó al acuario. Pagó su entrada, manteniendo la amplia sonrisa en su rostro y cuando penetró en el lugar quedó maravillado por la imagen que le estaba devolviendo el lugar. Aquellos enormes estanques llenos de peces de colores, unos nadando tranquilamente por ser más grandes, mientras que otros se movían en grupo y con una rapidez asombrosa. Definitivamente se podía pasar todo el día en aquel lugar, que no se cansaría en absoluto.

Avanzó por el lugar con su cartera de la academia sostenida en su hombro, sin apartar la mirada de los enormes estanques que se alzaban a sendos lados. Pasó por túnel hecho en medio de un estanque y un enorme tiburón ballena nadó por encima de su cabeza y como no, Will quedó maravillado, tanto que se paró debajo, observando la majestuosidad del animal.

Reanudó de nuevo la marcha, pero sin mirar al suelo, completamente embobado con aquellos movimientos. Parecía que nunca había presenciado uno de esos lugares y en cierto modo era así. Por alguna extraña razón, sus padres adoptivos no lo llevaron nunca a un acuario, desconocía el motivo, mas aquel día era el idóneo para visitarlo por primera vez. En su descuidado caminar tropezó con algo, trastabilló un poco para evitar un inminente aterrizaje en el suelo y por suerte lo evitó. Echó la vista al suelo y se encontró con algo poco común: un zapato.

¿En serio alguien había perdido un zapato? Entendía que se perdieran unas llaves o una cartera pero... ¿un zapato?

¿Un zapato? ¿De verdad? —se preguntó a sí mismo, recogiendo la prenda del suelo y miró a su alrededor, pero sólo divisó un pequeño grupo de niños a lo lejos—. Bueno, tendré que buscar a Cenicienta.

Salió un momento del túnel y se posicionó en un lugar más estratégico. En un pequeño descansillo entre dos túneles.

¿¡Dónde estás, Cenicienta!? ¡Te has dejado aquí tu zapatito de cristal! —vociferó, alzando el zapato por encima de su cabeza.

Irónico que él fuese el que estaba gritando y no los molestos niños.

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Mensaje por Ella Greenlight el Lun Jun 06, 2016 6:01 am
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había visto a Joshua? Parecía que todo el avance que habían realizado entre ellos se había eliminado por completo. No sabía que había sucedido y al parecer al mayor era lo que menos le interesaba. Se encontraba afligida porque no sabía si era porque todo había terminado o solamente porque las cosas no habían ido según lo que ella había planeado. Y le estresaba, porque ahora todo estaba perdido. Nathaniel, su prometido, le había dicho que no perdiera la cordura, nada estaba perdido hasta que todo estuviera, bueno finalizado. Eso ayudó para que se tranquilizara, al menos un poco, aunque lo cierto es que aún estaba temblando de nervios de no saber nada de Joshua. Los fines de semana en su casa se habían vuelto una verdadera tortura. Sin Joshua, sin Vicious que le apoyaran en casa, nadie que frenara los acosos de los gemelos.

Según el programa académico que debía seguir en su casa, había una exposición de arte en el acuario a la que debía asistir. Su padre había sido muy directo con ello, ahora iría con un nuevo chico, Gerald, nada que ver con el que le había mencionado a Joshua, seguramente este le había dicho a su padre que el anterior no era apto para el trabajo. Volviendo al tema, Gerald hacía bien el trabajo, solo que era demasiado serio, demasiado frío y demasiado molesto para alguien tan activa como Ella, siempre que estaban solos en la habitación, aunque tenían casi la misma edad, él estaba en silencio y por más que Ella quisiera comunicarse con él, era imposible. Así que ambos iban en la limosina de su padre, en dirección al acuario para que Ella pudiera hacer un reporte indicado. Además, la joven heredera estaba pensando en cómo escapar del lugar. La verdad, no quería ir a otra estúpida exposición con ese chico.

Entonces, nos encontramos en la situación actual. Se había alejado a tumbos de aquel chico tan pronto como bajaron del auto. Había corrido con fuerza, la falda volada que usaba en ese momento se ondeaba con el aire, debido a que corría en dirección contraria. Se giró un par de veces hacia atrás, entendiendo que había perdido a su guardaespaldas. Entonces, sucedió, resulta que Ella no vio las escaleras y cayó escalón por escalón con el trasero. Y escuchó un «¡Detente, Ella!», esa curioso que las primeras frases que hubiese escuchado de él, fueran aquellas. Se levantó del suelo tan rápido como pudo y salió corriendo de nuevo, aunque claro, había perdido un estúpido zapato, la historia era tan cliché y poco usual al mismo tiempo que cuando se dio cuenta pensó si debía devolverse o no, mejor lo haría porque era tiempo de frío y se estaba congelando los pies.

Dio un giro para aturdir a su guardia y volvió hacia donde había caído, vio a un chico que sostenía su zapato, pero no tuvo el valor para acercarse, se quedó escondida tras un pilar, intentando que su guardia se cansara y dejara de buscarla. Además, ese chico le había llamado "Cenicienta", se rió por lo absurdo de la situación.


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